lunes, 7 de septiembre de 2026

CHIANG KAI SHEK, de Eduardo Borrás (Americalee)

Título: Chiang Kai Shek
Autor: Eduardo Borrás (1907-1968)
Editor: Editorial Americalee (Buenos Aires)
Cubierta: Andrés Guevara
Edición: 1942-06
Extensión: 165, 1 p.; 12,5x18x5 cm.: solapas
Serie: Los hombres del drama
Estructura: nota inicial, capítulos sin numeración, [pie de imprenta]
Información sobre impresión:
Este libro terminó de imprimirse en junio de 1942, en los Talleres Gráficos “Americalee” Tucumán 299 Buenos Aires


Nota inicial:
Al presentar al público lector estos volúmenes —síntesis de vidas llamadas a dirigir en la hora terrible porque pasa la Vida— los editores han tenido un solo objeto: iluminar hasta donde fuera posible las figuras de los que por una razón o por otra han sido llevados a sintetizar las fuerzas terribles que galopan por el mundo. Nadie puede substraerse a la realidad por dolorosa que ella sea. El drama al que asistimos y del que participamos, aun en la inconsciencia de esa participación, abarca toda la amplitud del globo. Hacia los cuatro puntos cardinales multitudes inmensas entrelazan sus ansias de matar. Es como si todo el sedimento de barbarie, de bestialidad, de negación del hombre por el hombre se hubieran dado cita hoy y en una macabra resurrección cayeran sobre la hora actual con su fragor de siglos.
Ese es el drama. Un viejo drama que sufre cada generación estrujada hasta el hartazgo entre sus duras mandíbulas. Morir o matar, un dilema que sacude a trallazos la cara de los hombres como para burlarse de sus sueños de perfección, de sus conquistas, de sus hallazgos. Y mientras los hombres se muerdan en manadas habrá quien los dirija hacia las auroras y los crepúsculos, las victorias y las derrotas, bajo el signo cruel de la maternidad por la violencia: esos son “Los Hombres del Drama”.
“Los Hombres del Drama”. Los que fueron señalados por el destino para las tareas de dirección mientras los hombres se matan. Los que son como síntesis de una época que se caracteriza por el gruñir del cañón y las ambiciones encontradas. Hombres que pueden ser mezquinos o magnánimos, crueles o tiernos, piadosos o herejes, grandes o diminutos, pero que han encontrado una nueva dimensión en la amplitud del drama.
Aquí no se pretende analizarlos ni juzgar su posición; aplaudirlos o silenciarlos; envilecerlos o endiosarlos. Sus figuras son las primeras figuras del drama y dicen su palabra como el actor repite la parte que le tocó en el reparto de la obra. Con la única diferencia de que la obra de hoy la dicta el Destino y en los segundos planos agoniza en sudores terribles una humanidad que persigue quimeras de perfección e ideales de justicia.
La sombra de Caín se proyecta sobre el mundo hundido en un atardecer de angustia, de sangre, de dolor y de infinitas esperanzas. Entre sus pliegues se debaten centenas de millones de seres hambrientos de amor, forjadores de belleza, incansables perseguidores de un ideal que huyó por los horizontes. ¿Hasta dónde? Nadie lo puede decir, ni aún los “Hombres del Drama”, porque ellos son, también, como pobres muñecos agitados por el vendaval que rueda sobre el mundo.
Stefan Zweig ha dicho: “Los libros pueden tener su origen en sentimientos de muy variada especie. Hay quien escribe libros inspirado por un sentimiento de gratitud, pero también puede inflamar a la pasión intelectual la amargura, la ira o el disgusto”. Para los editores, la razón determinante al concebir esta colección fue el deseo de colaborar al conocimiento de los hombres a quienes cabe la responsabilidad de señalar los senderos. Proyectarlos a la luz que es el reflejo de la hoguera inmensa en la que se tuesta una civilización olvidada de la fraternidad y los valores del espíritu. Sin omitir detalles para que sus figuras cobraran realidad en su condición de “Hombres del Drama”; abstrayéndose a todo lo que no fuera su proyección en la tragedia del momento, sin juzgar, absolver o condenar por sus posiciones anteriores. Hoy, más que otra cosa, son “Los Hombres del Drama”. Y el drama es tan hondo que todo lo abarcó.
LOS EDITORES