Título: La
confesión de Claudio
Autor: Émile Zola
(1840-1902)
Título original: La Confession de Claude (1865)
Traducción: Raúl H. Quinteros
Editor: Editorial Caymi (Buenos Aires)
Fecha de edición: 1958-05
Extensión: 160 p.; 14x20 cm.: solapas
Serie: Colección Joyario #14
Estructura: 27 capítulos
Información sobre impresión:
Se terminó de imprimir en los Talleres
Gráficos Lumen, Tucumán 2926, Buenos Aires, en el mes de Mayo de 1958.
Información de solapas:
Es ésta una de
las obras más curiosas de Emilio Zola, en virtud de que, si bien no deja de
mostrar al desnudo las diversas formas de la vida humana, siguiendo su estilo
de novelista naturalista como él mismo llamó alguna vez a su realismo, ha
aprovechado el tema para mostrar el alma romántica de un joven que sólo conoció
el amor adolescente con una mujer del arroyo. Este es el dolor de Claudio, el
autor de las cartas que constituyen la Confesión.
Enamorado de la
belleza del espíritu, sobre todo, Claudio ha tenido la desdicha de convivir
impensada e involuntariamente con una cocotte ordinaria, a la que no obstante
su característica inclinación al vicio, quiere reincorporar a la vida sana y
natural, recurriendo para ello a toda clase de esfuerzos y de ejemplos.
Por otra parte,
el estilo llano, veraz, sin rebuscamientos literarios artificiosos, hacen que
la lectura de esta obra [...] la amenidad y el sentido humano que el gran autor
de Naná supo imponer a todas sus novelas.
Una familia
residente en una aldea de las costas de Francia, sirve al gran Zola para
describir, con profundos caracteres psicológicos, la vida cotidiana de un hogar
constituido por los componentes de rutina: un matrimonio, el hijo adolescente,
una niña heredera de una envidiable fortuna, a la que aquéllos explotan,
aprovechando la tutoría, la criada y las consabidas visitas del cura y del
médico.
A todas estas
vidas se suman la de los niños y los gañanes de la aldea, frecuentemente
estremecida por la furia del mar y la miseria ética y material en que viven.
Pero en medio de toda esta concupiscencia, entre las sombras espirituales de
toda esta gente, el gran autor de La Confesión de Claudio hace brillar la luz purísima de un alma noble y grande: la de la niña
explotada, que lo sacrifica todo, hasta el amor, por hacer el bien sin reparar
en quien lo recibe.