Título: El
veneno es dulce
Autor: Georges Vidal (1903-1964)
Título original: La nuit des hommes (1962)
Traducción: s.d.
Editor: Ediciones Malinca (Buenos Aires)
Fecha de edición: 1962-09-19
Extensión: 127 p.; 11x17,5 cm.
Serie: Colección Pandora #77
Estructura: 15 capítulos
Información sobre impresión:
Se terminó de imprimir este libro el día 19 de septiembre de 1962, en Artes Gráficas Bodoni S.A.I.C., Herrera 527, Buenos Aires.
Información de contracubierta:
Al llegar al lado de su Cadillac, se deslizó entre los coches que lo apretaban, entreabrió la portezuela y se sentó al volante.
“¿Habrá podido lograrlo Frédé?”, se preguntó.
Imaginó a Ingrid tirada sobre la cama, retorciéndose de dolor por efecto del veneno. Y luego, mucho después, se quedaría inmóvil y tiesa ante la muerte.
Maniobró con precaución, saliendo marcha atrás de la fila de autos. Pocos metros más adelante, Helga lo esperaba, sonriendo. Mingo la había olvidado, y al verla se irritó. “¿Qué diablos tengo que hacer con esta estúpida?” Había dejado de experimentar el menor deseo por aquella Ingrid ardiente pero falsa, cuando estaba soñando con una verdadera Ingrid bien fría. Fría como el mármol.
Autor: Georges Vidal (1903-1964)
Extensión: 127 p.; 11x17,5 cm.
Estructura: 15 capítulos
Se terminó de imprimir este libro el día 19 de septiembre de 1962, en Artes Gráficas Bodoni S.A.I.C., Herrera 527, Buenos Aires.
Al llegar al lado de su Cadillac, se deslizó entre los coches que lo apretaban, entreabrió la portezuela y se sentó al volante.
“¿Habrá podido lograrlo Frédé?”, se preguntó.
Imaginó a Ingrid tirada sobre la cama, retorciéndose de dolor por efecto del veneno. Y luego, mucho después, se quedaría inmóvil y tiesa ante la muerte.
Maniobró con precaución, saliendo marcha atrás de la fila de autos. Pocos metros más adelante, Helga lo esperaba, sonriendo. Mingo la había olvidado, y al verla se irritó. “¿Qué diablos tengo que hacer con esta estúpida?” Había dejado de experimentar el menor deseo por aquella Ingrid ardiente pero falsa, cuando estaba soñando con una verdadera Ingrid bien fría. Fría como el mármol.
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