viernes, 21 de agosto de 2015

LAS MEMORIAS DE CALIGULA, de Fidelio Trimalción (Argos)

Título: Las memorias de Calígula
Título en cubierta: Calígula: biografía humorística
Autor: Fidelio Trimalción (seud. de Cecilio Benítez de Castro, 1917-1975)
Traducción: [s.d.]
Editor: Editorial Argos (Barcelona)
Edición: 1ª ed.
Fecha de edición: 1943-05
Extensión: 257 p.; 12,5x18,5 cm.
Serie: Colección Cascabel
Estructura: notas, prólogo, varias partes con divisiones, epílogo
Información sobre impresión:
Gráfica Bachs, París, 175 – Barcelona

Notas preliminares del autor:
Algunos pensamientos inéditos sobre Calígula.
"No hubo bestia mayor que Calígula, sino fue Cómodo." (Sir Williams Shakespeare).
"Calígula se rió del pueblo romano, que estaba fatigado y embrutecido. Pues Calígula estaba embrutecido y no fatigado".
"Calígula no fue tan malo como se cree generalmente. Fue un necio con malos instintos y un tragón. Por lo demás, no dejó títere con cabeza." (Balzac).
"Si Calígula no hubiese existido, la historia no hubiese sido nada divertida. Los niños no se hubieran regocijado pensando en quien fue el emperador que quiso coronar a su caballo. Pero nunca se acuerdan de que éste fue Calígula. Esto lo sé por experiencia." (Alejandro Dumas).
"Si hubiera habido otros dos Calígulas más, Europa hubiese tenido que comerse los dedos." (Adam Smith).
"Nadie llevó las finanzas como Calígula. El impuesto sobre el gesto fue la primicia de la teoría general del impuesto sobre la renta. En este sentido Calígula es el predecesor de las grandes Economías. No hay que olvidarlo." (Proudhon).
"Calígula hubiese servido espléndidamente mi teoría reinando diez años más." (Malthevs).
"Calígula fue el primer poeta que compuso sobre la marcha y en pleno día. Sus versos eran bastante malos, pero los había peores." (Villon).
"Calígula no era más que un joven alegre y divertido. Esto no siempre se interpreta bien, sobre todo si a los hombres de tal condición se les va la mano de vez en cuando." (Voltaire).
Finalmente, Cayo Suetonio Tranquilo, el mayor enemigo que tuvo Calígula (pues Calígula apaleó a su padre y a su abuelo porque tenía severa frente de filósofo, como Petho Trasea), dice...
"No prescindía de su ferocidad ni en medio de sus juegos y festines." "Su envidiosa malignidad, su crueldad y su orgullo se extendía a todo el género humano y a todos los siglos." "En sus profusiones superó las extravagancias de los más pródigos." "No tenía en cuenta reglas y nada ambicionaba tanto como ejecutar lo que se consideraba irrealizable." "Tenía el cuerpo muy velludo, escasos cabellos, ancha y abultada la frente. Sus dos defectos eran su excesiva confianza y su cobardía excesiva." "Su ropa, su calzado, y en general todo su traje, no era de romano, de ciudadano ni siquiera de hombre." "Tenía palabra abundante y fácil." "Practicó muy diferentes artes y con increíble ardor."
Pero hay que tener en cuenta que Suetonio Tranquilo profesaba una gran antipatía a Calígula y que tal vez esta aversión le animara a echarle encima la caballería al escribir su pesadísimo volumen de historia. Esto es muy frecuente en los historiadores antiguos.

MI COMENTARIO:
Hace tres años había comprado este libro por 2 o 3 pesos. No sabía bien qué tratamiento le daba al emperador Calígula ni a su época, pero me sentí intrigado por el subtítulo de tapa, “Biografía humorística”, y por la ilustración despabilada del soberano. Recién en el último mes se me ocurrió leerla, sin mucha esperanza. Vaya sorpresa. Es una novela magnífica: sarcástica, implacable, ocurrente (aunque se atiene a los hechos que los historiadores adjudican a Calígula), con un poder casi motivacional y, como se dice ahora, “descontracturada”. Esto último me llamó la atención: es un libro que bien pudo escribirse en estos años, o mejor, en los años donde el humor era políticamente incorrecto sin complejos. Pero lo que más me impresionó fue la postura del autor, decididamente volcada hacia el déspota. Cecilio Benítez de Castro (el nombre verdadero de Fidelio Trimalción) se pone del lado de Calígula sin miramientos ni psicologismos, y desde ese lugar, uno puede disfrutar (sí, disfrutar y gozar) de sus atropellos, excentricidades y crueldades, que no tuvieron más límite que la creatividad. El emperador manda a torturar, vejar, matar y destruir desde una especie de soberanía traviesa, lúdica y contaminante: sus víctimas son parte de un juego brutal que impide el aburrimiento y el conformismo. Calígula aparece como un adolescente libre de ataduras, que proyecta sobre sus súbditos una locura que edifica una nueva realidad en cada decisión, como cuando ordena llenar una bahía con montañas derribadas, o como cuando agrega oro al pan que invita a unos reyes visitantes, para mostrar su magnificencia. Todo condimentado con unos comentarios ingenuos y siempre sorprendentes. ¿Por qué quise que la novela no terminara nunca? ¿Por qué me divertí tanto, casi con cada párrafo? Creo que Benítez de Castro invita con este libro a vivir una adolescencia eterna, impúdica e impune, incluso con esos poemas tan malos que pergeñaba el heredero de Augusto y Tiberio.
Quedé tan feliz con Las memorias de Calígula que busqué información sobre el autor. En una revista norteamericana se dice que fue uno de los mejores escritores españoles de la posguerra civil inmediata que se quedó en su país. Hoy está olvidado. No sería mala idea que algún editor publicara éste como alguno de sus otros libros.


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